Texto que relata la historia de la pareja de jóvenes uruguayos y de una generación comprometida con las luchas sociales y políticas de los años 60 y 70, se encuentra disponible en la librería de Villa Grimaldi. El pasado 5 de noviembre  fue presentado en el sitio de memoria por su autor, quien hizo donación de ejemplares, para todos quienes deseen conocer esta parte de la historia latinoamericana.

En Buenos Aires, Rosario Barredo formó pareja con William Whitelaw, sumando a Gabriela, hija de Rosario con una pareja anterior, a María Victoria y Máximo. Ambos ciudadanos uruguayos habían buscado en Chile refugio de la persecución política en su país, pero, tras el golpe de septiembre de 1973 debieron emigrar nuevamente y establecerse en la capital argentina.

El 13 de mayo de 1976 el grupo familiar cayó víctima del Plan Cóndor, siendo secuestrados junto a sus hijas y de Máximo de apenas dos meses de edad. Una semana después la pareja fue encontrada sin vida en un automóvil abandonado, con claras señales del maltrato recibido. Los niños fueron recuperados a finales de mayo gracias a los esfuerzos del Dr. Juan Pablo Schroeder, abuelo paterno de Gabriela, constituyéndose en unos de los pocos casos donde los hijos de secuestrados se devolvieron a sus familiares.

La historia de esta familia uruguaya volvió a Chile en las páginas del libro “Rosario Barredo y William Whitelaw. No nos veremos cada viernes, a las diez y treinta” del escritor e investigador Carlos Pouso, texto que fue presentado en Villa Grimaldi el pasado 5 de noviembre. En la ocasión Alberto Rodríguez, vicepresidente de la entidad de memoria, manifestó: “Sentimos que a través de este libro lo mejor del pueblo uruguayo nos revisita. Rosario y William no estuvieron en Villa Grimaldi, pero son parte de nuestra historia. De una historia de solidaridad entre pueblos en lucha por una sociedad distinta y hermanados ahora en la memoria, Este libro reconstruye pedazo a pedazo, como lo hemos hecho en este parque, la historia de William y Rosario, que forma parte de la gran historia de la fraternidad latinoamericana”.

Por su parte el académico Roberto Merino, sobreviviente de Villa Grimaldi, valoró el texto de Pouso, señalándolo como un rescate de la memoria “en ruptura con la ola memorial de estas décadas donde la historiografía y las narraciones judiciales se han focalizado en las víctimas de las violaciones a los derechos humanos, relegado al silencio y al olvido a los actores de las luchas sociales y políticas, reduciéndolos a víctimas, testigos sobrevivientes portadores de recuerdos, silencios y olvidos de una humanidad herida”.

“Por el contrario, afirmó Merino, el texto de Carlos Pouso refleja un nosotros mucho mayor, que designa a los militantes de la izquierda revolucionaria latinoamericana”.

“Sean nobles y dignos”

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Carlos Pouso, el autor (al centro), presentó su texto afirmando “vengo con Willy y con Rosario de la mano. Regreso después de 45 años, de cuando muchos uruguayos llegamos en los 70 a un Chile que cambiaba, en movimiento y donde los exiliados aprendimos mucho. Acá encontramos una cultura que nos enriqueció, una diversidad y un pensamiento no cristalizado que incorporamos a nuestro ADN”.

“Ha pasado mucho tiempo y en el mundo -especialmente en Europa, afirmó Pouso-, avanza un pensamiento que busca la exclusión, que busca que seamos iguales y pensemos lo mismo. Nosotros, los hombres y mujeres que aspiramos a ser más libres, más solidarios, buscamos lo contrario, queremos que los otros nos permeen, queremos escucharles y saber de ellos, porque así lo vivimos en aquel Chile donde llegamos”.

Respecto al libro, su autor destacó la dificultad para sistematizar la historia de Rosario y Willy. “Tardamos en darnos cuenta de que era un libro para los jóvenes, empezando por los de nuestra familia, que se sentían identificados con la humanidad de Rosario y Willy. Este libro no les está diciendo que piensen de tal o cual forma, les está diciendo que sean nobles, dignos, que tenga sus ideas y las defiendan y que respeten las de los demás Y que sean irreverentes con el poder, con toda lo que pretenda cercenar su manera de pensar y su libertad”.

Pouso terminó su presentación afirmando: “Rosario y Willy fueron dignos representantes, sin vilezas, de una generación que quería cambiar el mundo, en un mundo que estaba cambiando. Con esta experiencia les decimos a los jóvenes de ahora que no nos importa si son del grupo A,B o C, sino que sean buenas personas, con la nobleza en una mano y la solidaridad en la otra. Porque así fueron Rosario y Willy”.

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