Dieciocho sobrevivientes de diversos centros clandestinos de secuestro, apoyados por CODEPU, interpusieron nuevas querellas por tortura, revelando insospechados sitios de detención y la utilización de la capilla de la Academia de Guerra Aérea, AGA, como espacio para flagelar a los detenidos. 

Tras el golpe de Estado, en octubre de 1973, casi una treintena de estudiantes de medicina, enfermería y otras especialidades, fueron confinados en el departamento de Anatomía Patológica del Hospital Barros Luco – Trudeau. Esta es una de las novedades que revelan las querellas gestionadas por el Equipo Jurídico de CODEPU y que fueron presentadas ante la Corte de Apelaciones de Santiago, este viernes 11 de noviembre.

Otro de los querellantes, integrante de la FACH, revela en su testimonio el uso que se le dió a la capilla de la Academia de Guerra Aérea, AGA, ocupándola para torturar y efectuar colgamientos de prisioneros.  

Los testimonios incluídos en las querellas, afinan detalles sobre el funcionamiento de otros reductos menos conocidos como “La Firma”, la ex imprenta de El Clarín, ubicada en calle Dieciocho, recinto operado por Carabineros. El lugar habría comenzado a operar como centro de secuestro y tortura un año antes de lo que se conocía hasta la fecha (o sea en 1974 y no en 1975 como lo consigna la Comisión Valech).

Juanita Méndez, secretaria ejecutiva de CODEPU, resalta el valor de estas querellas para ir desentrañando la telaraña represiva de la dictadura, e ir dimensionando la verdadera envergadura del terrorismo de Estado. “Estas son querellas para establecer verdad y lograr justicia”, enfatizó la abogada, señalando la valentía de los querellantes al brindar sus testimonios y someterse a los interrogatorios de la policía y los peritajes forenses, reviviendo recuerdos muy dolorosos. 

Villa Grimaldi

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Tres de los querellantes de este grupo son sobrevivientes de Villa Grimaldi. En la fotografía, izquierda a derecha, Alberto Rodríguez, vicepresidente de Villa Grimaldi, y los querellantes Pedro Cano, Juan Segura y Gilda Bravo y a su lado  Higinio Espergue, presidente del directorio de Villa Grimaldi. Ambos dirigentes del sitio de memoria decidieron acompañar la presentación de la querella, por ser parte de una política institucional de búsqueda de verdad, justicia y reparación.