Fue parte de uno de los grupos emblemáticos antes del golpe de Estado que integró junto a Julio Numhauser. Se presentará el Día del Detenido Desaparecido el próximo 29 de agosto en Villa Grimaldi en homenaje a su amigo Marcelo Salinas, quien le enseñó a tocar guitarra. Mostrará canciones de su última grabación: El Viajero.

En una entrevista, recorre su larga trayectoria que comienza en los años 60 con el movimiento de la Nueva Canción Chilena.

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Por Carlos Antonio Vergara, fotografías Luis Fernando Arellano

Amerindios fue uno de los grupos musicales más populares hasta el golpe de Estado de 1973 que se nutrió de su época y distintas tendencias musicales. Fueron, algo así como un nexo entre la Nueva Canción Chilena, surgida a principios de los años 60 y quienes después cultivaron el rock sin abandonar los orígenes, como Los Jaivas.

El grupo nació a fines de 1967 con Julio Numhauser y Mario Salazar, fuertemente vinculado a las luchas sociales de los pobladores sin casa. “Hacíamos conciertos en las tomas de terrenos. Nos organizábamos e íbamos a cantar. Tocábamos sin micrófono y hacíamos talleres de creación musical”, indica.

Graban su primer disco con el sello Dicap en 1970. A su vez, se relacionan intensamente con conjuntos y solistas de la Nueva Canción Chilena, entre ellos Víctor jara, Inti Illimani, Angel e Isabel Parra, Nano Acevedo, Patricio Mans, entre otros. Amerindios grabó 6 discos hasta 1978, cuando se disolvió.

Salazar que viene de publicar el disco solista “El Viajero”, publicado por el sello Alerce, recuerda con emoción que cuando Salvador Allende dio su primer discurso como Presidente de la República, en un acto en la Alameda, con un público de alrededor de 600.000 personas, Amerindios fue invitado a participar, previo al discurso del mandatario.

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El público coreó muchas de las canciones, la cantidad de personas que ocupaban la Alameda desde Estación Central hasta Plaza Baquedano conformaban un coro de tal magnitud, que al término de cada canción Amerindios debía esperar que los últimos versos se terminaran de cantar en las dos puntas de la Alameda”, señala.

Salazar se acercó a la música desde muy pequeño a través de su familia. “En mi casa no terminábamos ninguna fiesta sin la guitarra y el acordeón, y mi madre cantaba. La guitarra la tocaba un primo, Leonardo Parma, uno de los fundadores del grupo Aparcoa. Al poco tiempo aprendí a tocar guitarra yo”, cuenta.

La guitarra de Marcelo Salinas

Salazar nació en Santiago, pero en esa época vivía en Temuco, ciudad a la que se había trasladado su familia en 1960, luego que a su padre, Francisco Salazar Céspedes, la Universidad de Chile le confiara crear el primer centro regional universitario, hoy Universidad de La Frontera. Allí pasó toda su adolescencia.

En su barrio, en Temuco conoció a Marcelo Salinas Eytel, quien le enseñó a tocar guitarra. “Nos juntábamos. Yo lo miraba tocar. Aprendí como a los 15. Antes tocaba batería desde los 13 y bongó desde los 10 años en la leñera de mi casa con unos tarros. Después estuve en el Club de Jazz de Temuco”, expresa.

El ruido de sus prácticas en el hogar no era bienvenido y se deshicieron de los implementos de su improvisada batería. A cambio, le regalaron una guitarra. “Con mis amigos cuando iba a tocar batería debía decirles, no tengo batería, tengo guitarra, pero no sé tocar. Ahí aparece Marcelo, quien tocaba súper bien las chacareras, que en ese momento era un ritmo súper nuevo para mí, y me empezó a enseñar a tocar guitarra. Con él aprendí lo que sé. Soy guitarrero, no guitarrista, sé lo que sabe la gente de campo de la guitarra, con el honor de saber más o menos lo mismo”. Marcelo Salinas es un detenido desaparecido desde el 31 de octubre de 1974. “Al Marcelito me lo mataron en Villa Grimaldi”, dice con tristeza.

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También surge el recuerdo de Diana Aron. “Creo profundamente que la muerte no es otra cosa sino el olvido. Las personas pueden vivir físicamente y si están en el olvido pueden estar perfectamente muertas. Es súper importante recordar a nuestros compañeros desde su esperanza. Ellos no llegaron ahí en la búsqueda de la muerte. Estaban construyendo la vida, imaginando la vida y en el camino los cazó la muerte. El punto es de qué manera somos capaces de rescatar su esperanza y transformarla en todos los colores, en todas las músicas, en todas las voces posibles”, señala.

La Diana trabajaba como periodista conmigo desde el nacimiento de la revista Onda. Yo estaba en el comité editorial durante el tiempo que trabajé en la Quimantú que fue como un año y medio. Era una cabra preciosa del MIR. Imaginaba que los pobres que ella conoció a fines de los 60 y comienzos de los años 70 merecían otro destino y por ese sueño la asesinaron como a tantos otros”, dice y luego se produce un silencio.

El último encuentro con Víctor Jara

Luego de aprender a tocar guitarra “me ‘rallé’ con Violeta Parra, dejo atrás la onda jazzística, me meto con el tema de la música folclórica. De esta mezcla del jazz con el folclore, cuando me encuentro con Julio (Numhauser), se crea el estilo de Amerindios. Julio venía de la proyección folclórica: Quilapayún, y yo de la música sincopada. De ahí viene eso de trabajar con Los Jaivas, quienes tendrán una importante participación en nuestro segundo disco ‘Tu grito es mi Canto’, del sello IRT/ 1972. Ellos tocan canciones como La Cervecita y Valparaíso 4 AM. Pasa que antes, cuando íbamos a tocar, a grabar, todos ayudábamos, pasábamos a visitarnos, a estar ahí. Yo hago coros en dos discos con Víctor Jara, y ni pedíamos que nos mencionaran en esa época”, rememora.

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Amerindios además musicalizó dos largometrajes documentales solicitados por el ex Presidente Salvador Allende, uno basado en el discurso que hizo en Naciones Unidas y el ‘Diálogo de América’, una conversación y entrevista que sostuvo con Fidel Castro, conducida por el periodista Augusto Olivares, ambas dirigidas por el cineasta Alvaro Covacevic.

Salazar recuerda su último encuentro con Víctor Jara que relaciona con el material del disco El Viajero. Relata que Numhauser antes del golpe de Estado era el director del sello IRT y sus oficinas estaban cerca de la Plaza de Armas. “Un día saliendo, esperando micro, me encuentro con Víctor Jara. Yo vivía hacia el barrio alto y Víctor también. El aparece de pronto en su Renoleta y me llama, Marito me pregunta ¿vas para arriba?, y nos fuimos juntos. En el camino me dice, ‘cuando vas a grabar esas canciones que a mi gustan’, él conocía varias”. Sin embargo, Salazar explica que no había llegado a acuerdo con Numhauser para registrarlas.

Sabes que más Mario, vamos a hacer lo siguiente, yo te las grabo, yo las canto, si tú no puedes. No pueden estar guardadas, están muy buenas, prometido. Partió, nos dimos la mano, me dejó en mi casa el 9 de septiembre de 1973. No lo vi nunca más. Esa noche había neblina, raro, pero había. Aun mantengo en la memoria cómo su Renoleta se fue metiendo en la neblina y él con su brazo izquierdo haciendo saludos cuando se alejaba. Fue mi último encuentro con él. En el disco El Viajero, hay varios temas de esa época”, precisa.

Actuación en Villa Grimaldi junto al guitarrista Raúl Céspedes

El relato se entrelaza con la creación del Tren de la Cultura en 1971, donde también participó Amerindios. La iniciativa fue impulsada desde el Departamento de Cultura de la Secretaria General de Gobierno, en La Moneda. “Tenía como misión crear las direcciones regionales, provinciales y locales de cultura. Llegó hasta Puerto Montt y empezó a bajar hasta Santiago, parando en las estaciones más desconocidas, creando los comités de cultura con la gente, y regalando un espectáculo de música clásica, ballet folclórico, teatro. Así llegamos a Santiago con más de 300 artistas. Había que expandir la cultura a los sectores fuera de Santiago, y la mejor forma era ir a mostrar lo que se podía compartir e incentivar, porque en todos los espectáculos se invitaba a los artistas locales”, expresa.

Escapan camuflados en el bus de Los Jaivas

El 11 de septiembre los sorprende preparando otro disco y se inicia la persecución política. Logran cruzar la Cordillera de los Andes y llegar a Argentina. “Además de ser Amerindio,estaba en los Cordones Industriales, dirigí el Comité Textil del Cuero y del Calzado de la Corporación de Fomento (Corfo), con más de 25 mil trabajadores y sus sindicatos. Salí con una orden de aprehensión y fusilamiento sumario. Julio también estaba buscado”, manifiesta.

Salimos camuflados con Los Jaivas. Cruzamos con ellos, porque tenían un concierto. Existían pruebas que ellos tenían una actuación y tenían solicitada la salida de Chile, mucho antes del golpe. Cuando se abrió la frontera, les permitieron salir el 29 de septiembre de 1973. Fue en una micro que nosotros habíamos contratado. Iba sentada en mis brazos la Juanita Parra, en el otro mi hijo Mario”, precisa.

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Llegamos de una forma bastante abrupta desde Mendoza a Buenos Aires. Al poco rato de estar en un hotel con nuestras familias nos vienen a buscar. Vengan que los estamos esperando. Llegamos al Luna Parc, por atrás, guitarra, bombo y sale la negra (Mercedes) Sosa a saludarnos. Nos da un gran abrazo con Víctor Heredia. De repente se abre el escenario y miles de personas con banderas chilenas y argentinas, y nosotros al medio del escenario con la guitarra en la mano y Julio con el bombo. La negra dice: ‘salvados de las garras del fascismo chileno, Amerindios’. Y a cantar con las piernas como lana. Fue nuestro primer encuentro con la inmensa y maravillosa solidaridad con Chile del pueblo argentino”, resalta.

El Viajero

Mario Salazar describe su nuevo disco El Viajero “como la geografía de mi alma, en el sentido en que hay un viaje, por eso se llama así, pero más que el viajero por el lado físico, es un viajero de mi propia vida personal. Hay temas que tienen que ver con diversos momentos y personas que componen una geografía que es la única que sirve y que vale, y que son las que se construyen enlazando emociones”.

No es para nada un disco autobiográfico. Hay canciones y temas de amor incluso, que no tienen que ver con amores míos. Me gusta escuchar a mi gente, salir con amigos, escuchar sus penas y alegrías, y de más de alguna conversa, sobre lo que estaba viviendo nacieron canciones. Tiene 20 temas que expresan y reflejan períodos musicales míos en que conviví con otros, como con Amerindios. Hay temas que Víctor (Jara) hubiera querido cantar. No son muchos, pero son sacados incluso de esa época, que se fueron quedando y nunca se mostraron. Hay algunos que compuse poco tiempo antes de que el disco saliera”, explica.

Busca hacer un aporte, en el sentido no sólo de complementar lo que otros músicos están haciendo, sino que también hacerlo desde la generación a la cual yo pertenezco. Quisiera aportar a que otros músicos jóvenes en edad, si bien yo me siento en espíritu de la misma edad que cuando tenía 7 años, ojalá se entusiasmen con alguna de estas canciones. Creo que el gran daño de la dictadura es que se rompió el diálogo entre las generaciones. Hay una generación que cree que todo partió de cero, que fue la misma equivocación que tuvimos los que dijimos el año 1968 aquí comienza la historia. No es así. Entonces toda esta gente que se quedó afuera, que estuvo presa, que estuvo relegada, rompió este diálogo con los músicos jóvenes. Y los músicos jóvenes han sentido que han partido de cero. Yo siento que hay un gran interés de parte de elos de compartir lo que estábamos haciendo la gente mía, anteriores a ellos. Y yo con mucho gusto ofrezco esto, si algún lote me dice quiero grabar cinco canciones tuyas, por mi serán a costo cero”, asegura.

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La historia musical de Mario Salazar recorrió la geografía del mundo. La dictadura en Argentina los obligó a partir a Suecia y trabajar por la solidaridad con Chile realizando conciertos en teatros, festivales, canales de TV, compartiendo escenarios con artistas de diversos países de Europa y de América Latina, consagrados de todo el mundo.

Uno de sus orgullos es cuando “los trabajadores de Suecia me pidieron que hiciera un tema de despedida al ex Primer Ministro Olof Palme, cuando fue asesinado. Y se hizo y se tocó durante el funeral. Y es el único tema que yo hecho con una parte en sueco. Fue un honor”, cuenta.

Amerindios grabó tres discos en el exilio hasta 1978, cuando Salazar decidió tomar otro rumbo artístico, entre ellos desarrollar màs aun su vocación de escribir textos para niños.

Además, “me interesó hacer música rock. Yo venía del jazz y me gusta el rock. Toqué con rockeros y en escenarios importantes, hubo cosas que se grabaron, que salieron bien. Hay programa entero de televisión que se hizo sobre esa música en todos los canales, de los países nórdicos, se llama The Rock de nunca Santiago”, indica.

Por ello su propuesta actual es “a compartir, a hacer una música abierta a que el otro interprete los versos a su amplitud de emoción, a no quedarnos en ritmos que están sacrosantos sino que abrirnos a todos los ritmos que nos da el corazón, la vida, a probar y hacer canciones. El Viajero son canciones, no son poemas musicales”, concluye.

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