En el marco de la conmemoración del Día Mundial del Medio Ambiente, la Corporación Parque por la Paz Villa Grimaldi desarrolló una serie de jornadas reflexivas que reafirmaron la conexión entre la defensa de los derechos humanos y el cuidado de nuestro entorno. A través de una articulación que unió la educación territorial en el Ecoparque de Peñalolén con la profundidad simbólica del teatro inmersivo en nuestro sitio de memoria, la organización invitó a la comunidad a comprender la justicia ecológica como una prolongación de nuestra lucha histórica.


Vinculando la naturaleza y la memoria histórica
El pasado viernes 5 de junio un grupo de estudiantes participaron en una visita guiada al Ecoparque de Peñalolén, una instancia que estuvo acompañada por Francisca Insunza, coordinadora del área de educación de nuestra Corporación Parque por la Paz Villa Grimaldi.


Durante el recorrido por este espacio —que destaca por su circuito de gestión de residuos orgánicos, donde los desechos de ferias libres y podas se transforman en abono mediante compostaje y lombricultura en un entorno de bioconstrucción—, las y los jóvenes pudieron conocer de cerca el funcionamiento de huertos urbanos sustentables y un sistema circular que purifica aguas grises mediante humedales artificiales.

Al respecto, Francisca Insunza destacó la relevancia pedagógica de esta articulación territorial, señalando que la actividad se gestó «en el marco de la vinculación que tenemos y los trabajos conjuntos que estamos haciendo con Ecoparque para el fortalecimiento de derechos medioambientales, por ejemplo, el derecho a la memoria». Luego, se invitó a las y los estudiantes a un recorrido pedagógico por Villa Grimaldi, el que culminó con la plantación de cinco árboles, «en una actividad llena de sentido después de haber conocido ambos espacios y de haber reflexionado sobre la importancia y la participación».



Teatro inmersivo y memoria
Continuando con las actividades vinculadas a esta conmemoración, el sábado 6 el Parque por la Paz Villa Grimaldi albergó la obra de teatro inmersiva “Mundoincruel: hongos y revoluciones” presentada por el colectivo interdisciplinario Estudio Representación y que se ha dedicado a investigar el fenómeno de la representación en sus creaciones artísticas.


La obra utiliza la biología de los hongos como un espejo de los procesos sociales de resistencia, memoria y transformación como el micelio, que es la red subterránea invisible, inmensa y persistente que conecta a los árboles y sostiene la vida en los bosques; en ese sentido, la obra plantea que la memoria colectiva y los lazos de solidaridad humana operan de la misma forma, sosteniendo conexiones ocultas en las que se apoya una comunidad frente a la adversidad, conectando este proceso con las revoluciones, los movimientos de resistencia y la capacidad de las comunidades de organizarse desde los márgenes, florecer en la adversidad y regenerar el tejido social dañado.


La trama, centrada en la frenética búsqueda de una micóloga detenida desaparecida en la Patagonia de los años 70, conectó la memoria histórica con la naturaleza a través del reino fungi; en Villa Grimaldi se desplegó a través de un emotivo recorrido nocturno por hitos del parque —como la Plaza de la Esperanza, el Jardín de las Rosas, la Torre y la Velaria—, ambientado únicamente por las luces que guiaban el camino. Al finalizar, se abrió un espacio de diálogo donde las y los asistentes reflexionaron sobre el entorno, el cuidado del medioambiente y el micelio como una potente metáfora de las conexiones invisibles, pero permanentes, que sostienen nuestra memoria colectiva.
Esta conmemoración del Día Mundial del Medio Ambiente reafirma que la defensa de los derechos humanos y la protección de la naturaleza son dos caras de una misma moneda. Al concebir el derecho a vivir en un medio ambiente sano y sustentable como un derecho humano fundamental, se hace evidente que la dignidad de las comunidades depende directamente del resguardo de sus territorios. Destruir, contaminar o privatizar el entorno natural no solo hipoteca el futuro de las nuevas generaciones, sino que profundiza las desigualdades y vulnera la base misma de la vida, transformando la justicia ecológica en un imperativo ético urgente para nuestra sociedad.


De esta manera, a través de la educación territorial, el cuidado de la naturaleza y la expresión artística, las dos jornadas reafirmaron el compromiso de la Corporación por entrelazar los derechos humanos con la defensa del medioambiente. Tanto la plantación de los nuevos árboles como la profunda reflexión sobre el reino fungi dejaron en la comunidad el recordatorio de que las raíces del pasado y los lazos que sembramos en el presente son indispensables para la construcción de un futuro consciente, vivo y con memoria.