Con una masiva asistencia y un emotivo acto central, la Corporación Parque por la Paz Villa Grimaldi conmemoró el Día Internacional de la Mujer, recordando a las mujeres víctimas de la represión y reafirmando su compromiso con los derechos humanos y la perspectiva de género.
A la actividad –que fue conducida por Minerva González, del Colectivo Plaza Las Campanas- estuvieron presentes organizaciones vecinales, familiares de víctimas de la dictadura y parte del directorio de Villa Grimaldi, como su presidente Álvaro Ahumada; su secretaria general Marcela Espinoza y sus directores Soledad Castillo, Ignacio Puelma y Mariana Zegers.

Y fue Mariana Zegers quien se dirigió al público presente en nombre de la Corporación, instancia en la que denunció un escenario de retroceso en los derechos fundamentales en Chile, manifestando una profunda preocupación ante el cambio del gobierno, advirtiendo sobre posibles amenazas a los derechos reproductivos “considerando la tendencia conservadora que ha manifestado el próximo gobierno en este ámbito y en otros relacionados” y criticando leyes que criminalizan la protesta social “como la ley Naín-Retamal, que establece la legítima defensa privilegiada para las policías, o la ley Antibarricadas, que aumenta las penas para quienes, sin pedir permiso, interrumpan la libre circulación de personas mediante la instalación de obstáculos en la vía pública”
Asimismo, reiteró su rechazo al negacionismo histórico y la relativización de las violaciones a los derechos humanos ocurridas durante la dictadura civil-militar y a los discursos que intentan diluir las responsabilidades del Estado o justificar el golpe, reivindicando la movilización feminista como un acto de memoria activa y resaltando que “sabemos que ese Nunca Más no está garantizado, muy por el contrario; por eso, nos declaramos en alerta de derechos humanos”, haciendo eco de la consigna feminista “Ni un paso atrás si de luchar por nuestros derechos se trata, nuestra memoria, la que se construye en sitios como este, es nuestra fuerza colectiva”.
Reconocimiento a mujeres que luchan y permanecen
A continuación, la agrupación “Ni un Paso Atrás” de la comuna de Peñalolén, entregó una hermosa arpillera a tres mujeres, tres compañeras cuyo trabajo ha trascendido en el tiempo por su importante labor realizada. El colectivo “Ni un paso atrás” surge en el año 2023 como una organización territorial que aspira a organizar a las mujeres que buscan igualdad, respeto a la diversidad y la dignidad de las mujeres.
En nombre de la agrupación se dirigieron al público dos de sus integrantes, Cecilia Varas y Antonieta Mariqueo, quienes manifestaron “una profunda preocupación e incertidumbre ante el cambio de mando el próximo 11 de marzo, especialmente respecto a la continuidad del financiamiento de los sitios de memoria y el avance de iniciativas legislativas en la materia”, declarando que “como organización, se declara en estado de alerta ante el futuro gobierno ante el cuestionamiento a los derechos reproductivos; el retroceso en derechos para las disidencias sexuales y el fortalecimiento de la autoridad masculina y la profundización de la desigualdad”. Por ello, sostienen, “el verdadero motor de los cambios no está en los ministerios, sino en la articulación social y el trabajo territorial”, proyectando un ciclo de resistencia independiente de los gobiernos de turno y enfatizando que no buscan representación «desde arriba», sino que “se escuchen las voces de las mujeres en sus propios espacios”
El primer reconocimiento lo recibió la compañera Gladys Díaz Armijo, una figura emblemática que entrelaza el periodismo comprometido, el activismo político y la resiliencia frente a la represión, siendo su vida es un testimonio de la historia reciente de Chile, marcada por su labor profesional y su paso por los centros de detención de la dictadura militar.

Al recibirlo –en medio de muchos aplausos- se manifestó muy emocionada y agradecida, dirigiéndose a los presentes “resaltando el compromiso de resistencia asumido por las mujeres desde 1973 frente al terrorismo de Estado y denunciando la doble violencia ejercida contra ellas por su condición de militantes y por su género”, aseverando que “las sobrevivientes de tortura reafirman su labor fundamental en la lucha contra el negacionismo de la derecha y la ultraderecha y haciendo un llamado a mantener la vigilancia y la memoria activa ante el nuevo escenario político que inicia este 11 de marzo de 2026”
Un segundo reconocimiento fue para Valeria Jara Neipán, deportista y mujer mapuche de 28 años, que transformó su práctica profesional en la escuela de Lo Hermida en un compromiso social permanente con la comunidad de Peñalolén. Tras liderar con éxito la categoría juvenil y obtener diversos triunfos deportivos, su dedicación por las niñeces la llevó a asumir el cargo de Directora de la Filial Peñalolén.

Al recibir el reconocimiento, Valeria Jara Neipán señaló que “mi llegada a la escuela de fútbol, inicialmente como practicante, se transformó en una vocación de vida impulsada por el compromiso con las niñeces de Lo Hermida”. Así, destacó Valeria, “a través del deporte buscamos ofrecer alternativas a la delincuencia y la deserción y logramos rescatar y formar futuros profesionales que hoy retornan a trabajar en la comunidad”
Finalmente, se realizó un reconocimiento póstumo a Amanda González, Amandita, madre de Alejandro Parada González, estudiante de medicina veterinaria de la U. de Chile y militante socialista, quien fue secuestrado el 30 de julio de 1974 por agentes de la DINA y que permanece en calidad de detenido desaparecido hasta la actualidad.
Recibieron el reconocimiento una de sus nietas, Alejandra Parada y las hermanas de Amanda, Carmen Gloria, María Soledad y Gabriela Parada González.

En medio de la emoción, leyeron una carta escrita por otro de sus nietos en la cual era descrita -con mucha ternura y delicadeza- “como una mujer de convicciones inamovibles y una fuerza comparable a la de una montaña; vivió 95 años marcada por la consecuencia política y un amor profundo por la vida y en la que su existencia estuvo definida por una pasión doble: la de vivir intensamente por sí misma y la de representar la vida de su hijo Alejandro, cuya ausencia la impulsó a transformar el dolor en una lucha incansable”.
En la carta se destacaba a Amanda como raíz de una numerosa familia de seis hijos y que su legado se forjó en la calle, donde recorrió miles de kilómetros marchando con valentía y firmeza. “Su caminar constante no solo fue una protesta, sino un acto de resistencia para exigir verdad, justicia y reparación por la vida que le fue arrebatada, dejando una huella imborrable en el pavimento y en la memoria histórica de su entorno”.
Cerrando la alocución, el texto puntualizaba que “este reconocimiento a su trayectoria trasciende su figura individual, extendiéndose a las generaciones de hijas, nietas y bisnietas que hoy portan su ejemplo” y que “Amanda se despidió dejando una herencia de dignidad y coherencia, reafirmando que su influencia permanece viva en cada mujer de su linaje que continúa defendiendo sus mismos ideales de justicia social”.
Un Jardín de Rosas y todas íbamos a ser reinas
Tras la entrega de reconocimientos, se presentó la Compañía de Flamenco Carmen Álvarez quien realizó un soberbio y aplaudido montaje de un extracto de la Cantata Santa María de Iquique, en la que el compás sustituyó el relato solemne; el zapateado resonó como disparos y la quena rasgó el silencio como buscando a los caídos.

Cerrando el uso de las palabras, la compañera Michelle Drouilly compartió con los presentes el origen del Jardín de las Rosas en Villa Grimaldi, señalando que “fue un proyecto nacido de la necesidad de recuperar el espacio y dignificar la historia de las mujeres víctimas de la dictadura; junto a Margarita Romero, entonces presidenta de la Corporación, ideamos un sistema de financiamiento voluntario donde la comunidad podía apadrinar un rosal por una suma simbólica”. Puntualiza que “si bien el diseño contempló inicialmente a figuras más conocidas, pronto se expandió para incluir a todas las mujeres de los años setenta, buscando que ninguna quedara fuera del homenaje”.
En un comienzo, señala Michelle, “creo que eran como 80 las personas y luego pensamos ¿pero el resto de las mujeres? Entonces hicimos un segundo anillo que era las mujeres de los años setenta y después teníamos que contar con alguna frase que contuviera todo este trabajo…y ahí surgió “Y todas íbamos a ser reinas” de un poema de Gabriela Mistral.

Agrega Michelle Drouilly que “el simbolismo del jardín se centra en la idea de la «revelación» y el florecimiento truncado, dado muchas de estas mujeres eran muy jóvenes al momento de su desaparición o muerte y no lograron alcanzar una vida plena ni ver sus proyectos realizados” Por ello, agrega, “el rosal se convirtió así en el emblema de aquellas vidas que no pudieron terminar de florecer, rescatando su memoria a través de la naturaleza y la belleza en un lugar que anteriormente fue escenario de horror”.
Para concluir esta emotiva jornada se subió al escenario la imprescindible Isabel Aldunate, quien muy emocionada, rememoró a muchas y muchos que lucharon contra la dictadura, así como de otras ocasiones en las que se presentó en Villa Grimaldi. La actividad en la Velaria culminó con el público acompañándole en su interpretación de “Yo te nombro Libertad”.

Tras su actuación Isabel Aldunate y la conductora de este acto conmemorativo Minerva González, también recibieron como reconocimiento una hermosa arpillera.
Tras esta presentación, las y los asistentes fueron invitados al Jardín de las Rosas a participar en la plantación de una rosa, gesto sencillo y profundo que deposita en la tierra memoria, cuidado y permanencia, cuya placa no tiene nombre y en la que le acompaña otra que señala “Homenaje a la compañera desconocida”

En Villa Grimaldi siempre habrá flores que ni la más negra noche que vivió Chile pudo marchitar.