A 50 años del secuestro que truncó sus ideales, las raíces familiares y políticas se vuelven a trenzar en el parque para inaugurar un espacio de intimidad, memoria oral y resistencia contra el paso del olvido.

En el marco de las conmemoraciones de mayo, mes cruzado por la memoria histórica, la defensa de los derechos humanos y las actividades del Día de los Patrimonios, el Parque por la Paz Villa Grimaldi fue el escenario en donde agrupaciones de familiares, sobrevivientes y colectivos sociales fueron parte de un doble homenaje de profunda relevancia ética y política al cumplirse 50 años de la detención, secuestro y desaparición forzada de Juan Bosco Maino Canales y Rodrigo Alejandro Medina Hernández.
Entre el 26 y el 27 de mayo de 1976, la Dirección de Inteligencia Nacional (DINA) desplegó una violenta ofensiva en la capital contra jóvenes militantes de izquierda que articulaban la resistencia clandestina y la solidaridad territorial. Cinco décadas después de que sus rastros se perdieran tras ser vistos por última vez en el entonces Cuartel Terranova, Villa Grimaldi levanta sus nombres no desde la lógica de la derrota, sino desde la vigencia de sus proyectos de transformación social.


El caminar de la memoria amorosa: Cincuenta años buscando la mirada de Juan Maino


Hay dolores que, en vez de petrificar el alma, la movilizan en un acto de ternura compartida. Gloria Torres lo sabe bien. Para ella y el grupo de amigos de Juan Bosco Maino Canales —el «Juanma»—, el calendario no se mide solo en el paso del tiempo, sino en la porfía de encontrarse año a año, de manera ininterrumpida, desde aquel fatídico 26 de mayo de 1976. Cinco décadas han transcurrido desde el mediodía en que la DINA secuestró al fotógrafo junto a su amigo Antonio Elizondo y a Elizabeth Rekas, quien llevaba en su vientre un embarazo de cuatro meses. Cincuenta años de una ausencia que hoy, en mayo de 2026, volvió a convocar las voluntades en el Parque por la Paz Villa Grimaldi.


“Levantar un homenaje a medio siglo de un crimen nunca es una tarea sencilla”, confiesa Gloria, abogada de profesión y una de las almas organizadoras del encuentro. Sin embargo, al mirar el patio lleno, la satisfacción desplaza al cansancio. Para este núcleo humano, regresar a Villa Grimaldi es un acto de profunda reparación: fue a este mismo lugar, el entonces Cuartel Terranova, adonde los tres jóvenes fueron arrastrados tras su captura. Que hoy este ex centro de exterminio sea un espacio amigable, capaz de albergar los abrazos y los recuerdos de quienes sobrevivieron para contarlo, es el primer triunfo de su persistencia.
Por eso, este homenaje no se pensó desde la solemnidad gris del luto, sino bajo un concepto que Gloria define con orgullo: ‘Memoria amorosa’. “Porque más allá de la crueldad del asesinato y el horror de la desaparición, el tránsito de este medio siglo ha sido un caminar guiado por el afecto; ha sido una posta colectiva donde se han involucrado padres e hijos, cruzando barreras generacionales y temporales. En la memoria del grupo resuena con fuerza el eco de Filma Canales, la madre de Juan, una luchadora incansable de la Agrupación de Familiares de Detenidos Desaparecidos que abrió la senda que hoy sus amigos continúan pavimentando”.


En este largo viaje de cincuenta años, el grupo no ha descansado. Carlos Montes, Gloria Cruz, Pablo Díaz-Asola y Víctor han permanecido firmes en el mismo núcleo, activando desde el primer día múltiples diligencias legales. La propia Gloria, desde su rol jurídico, evoca las demandas presentadas en Italia, un esfuerzo internacional que logró acorralar y encarcelar a los jerarcas de la DINA responsables del secuestro. No obstante, la victoria judicial convive con una herida abierta y punzante: la verdad definitiva sigue esquiva. La pregunta de fondo, aquella que motivó el inicio de la búsqueda en 1976, sigue resonando en el patio de la Villa: ¿dónde están sus restos?, ¿qué pasó exactamente con ellos?


Por su parte, Javiera Larraín Maino –sobrina de Juan- destacó que “a diferencia del relato gris y negacionista, en Villa Grimaldi pusimos en contexto y valor la labor de Juan Maino en el Centro de Investigación y Desarrollo de la Educación (CIDE) y su emblemático proyecto pedagógico «Padres e Hijos». A bordo de su Citroneta blanca, Juan recorrió los campamentos y zonas rurales de la periferia de Santiago —incluyendo sectores de Peñalolén, El Salto y Quilicura— llevando talleres y proyecciones de cine a las comunidades, demostrando que el arte y la dignidad popular marchaban de la mano”. Cabe recordar que, tras su paso por Villa Grimaldi, los hilos de la impunidad criminal ligaron el destino de Maino con la ex Colonia Dignidad, estación terminal de su desaparición.

 

Rodrigo Medina: Memoria inscrita en piedra a cinco décadas de su secuestro


El hito central de esta convocatoria estuvo marcado por un acto de reparación histórica y soberanía contra el olvido: la instalación e inauguración de una placa recordatoria en memoria de Rodrigo Alejandro Medina Hernández, militante del Movimiento de Izquierda Revolucionario y estudiante de la carrera de Filosofía de la Universidad de Chile.
Rodrigo tenía solo 18 años cuando fue secuestrado en la vía pública por agentes del Estado el 27 de mayo de 1976, un día después de la caída de Maino. Con este nuevo memorial físico, su nombre quedó inscrito de forma permanente en la geografía del parque.


Sobre el acto nos hizo un relato su hermano Patricio
“A cinco décadas de que la DINA nos arrebatara a Rodrigo, nos juntamos en Villa Grimaldi para desafiar esa increíble paradoja de los números: mi hermano vivió solo 18 años y ya llevamos 50 años recordándolo. Organicé este homenaje junto a mis tres hijos con una premisa inquebrantable: queríamos un encuentro íntimo, de no más de 35 personas entre familiares y amigos muy cercanos, para no perder el sentido profundo de lo que veníamos a hacer. El parque y su equipo nos acogieron con un cariño inmenso en este tercer hito que se suma a los que ya hicimos a los 25 y 40 años de su desaparición.


Este aniversario provocó el milagro de reunirnos como familia tras muchísimo tiempo, haciendo viajar a mi hermano Eduardo desde Suecia y a mi hermana Malva desde Brasil con sus hijos, todos juntos en Chile para abrazar a nuestra mamá que ya está viejita, pronta a cumplir 89 años. Comenzamos el recorrido inaugurando la nueva placa conmemorativa que inscribe el nombre de Rodrigo en los muros de la Villa, pasamos por el Muro de los Nombres y luego por la araucaria que plantamos en el 2001. Terminamos en el teatro con una exposición muy emotiva donde mostramos sus dibujos, sus fotografías y los poemas que dejó escritos.


Después nos sentamos en círculo, de manera desordenada, a compartir un café y a conversar desde el alma; fue ahí donde Marina Varas, su pareja de entonces, hizo un relato desgarrador y hermoso de su detención y de su persona. La memoria se sintió viva, oral y participativa, especialmente al ver a tantos jóvenes escuchando y a uno de mis hijos activando una página web con código QR para abrir este acto al mundo digital.
Hoy sigo respondiendo mensajes de quienes asistieron a la actividad y aún nos quedan las flores frescas en la casa, pero, sobre todo, nos queda la certeza de que la imagen de Rodrigo nos da una fuerza potente para resistir, querernos y celebrar que la vida continúa”.

Contra el negacionismo y los pactos de silencio


Desde el Directorio de la Corporación Parque por la Paz Villa Grimaldi, se enfatizó el valor político de esta actividad en el escenario actual del país:
«Estos 50 años no significan el paso del tiempo hacia el olvido; significan la maduración de una demanda de verdad y justicia que no prescribe. La instalación de la placa de Rodrigo Medina y el rescate de la mirada fotográfica de Juan Maino no son ejercicios estáticos de nostalgia. Son herramientas pedagógicas activas contra el avance del negacionismo y un recordatorio de que los pactos de silencio que aún persisten se combaten con más memoria, más cultura y con el apoyo irrestricto a los avances del Plan Nacional de Búsqueda”.
La Corporación deja abierta la invitación a toda la ciudadanía a sumarse a todos los futuros encuentros de homenaje como estos, en donde el pensamiento crítico, la fotografía popular y el compromiso político de una generación vuelven a habitar el espacio público para exigir, una vez más, Verdad, Justicia, No Repetición y Memoria Viva.