La masiva concurrencia que repletó los senderos de Villa Grimaldi durante el pasado fin de semana del Día del Patrimonio Cultural buscaba, como cada año, conectar con la historia, el recuerdo de las víctimas y la resistencia. Sin embargo, este 2026, una propuesta inédita invitó a levantar la mirada más allá de los árboles del parque: el Taller de Astronomía “Constelaciones de la Memoria”, dictado por los estudiantes de astrofísica Ignacio Moya Acevedo y Pía Palma Góngora.
En la actividad se proyectó en el cielo de nuestra Velaria imágenes de diversas constelaciones y estrellas, haciendo con ellas un recorrido histórico y de cómo distintas civilizaciones les han interpretado y nombrado. Con este ejercicio, logran derribar el prejuicio de que la ciencia dura y los derechos humanos habitan planetas distintos, transformando la observación celeste en un acto de profunda reparación y memoria colectiva.

Un puente inesperado: La ciencia como un acto humano
Para los facilitadores, la recepción del público superó cualquier expectativa. «La verdad que para nosotros fue bastante sorpresivo todo», confiesa Pía Palma. «El poder conectar dos áreas que la mayoría de las personas ven muy separadas fue una experiencia desafiante pero muy, muy entretenida. Ver que mucha gente llegó, que les interesó y que sintieron realmente un significado y una conexión con lo que hicimos, nos gustó mucho».
Lejos de una clase técnica sobre magnitudes estelares o astrofísica abstracta, el taller se planteó desde la empatía. «Creo que un gran logro fue que la gente vea a la ciencia como algo humano y que puede conectar desde muchas diferentes áreas, no solamente desde la parte científica», reflexiona Pía. Su compañero, Ignacio Moya, complementa: «Nos gustó mucho la actividad y que la gente pudiera entender la cultura que hay proyectada en el cielo y proyectarla hacia nuestra propia cultura, como la que hay en Villa Grimaldi».

La motivación: Historia personal y vocación social
La idea de cruzar las constelaciones con la memoria histórica no nació del azar, sino de una profunda identidad generacional y biográfica. Ambos profesionales pertenecen a una camada de científicos que no se aíslan en los laboratorios. «Nosotros estudiamos astronomía y claramente tenemos esa pasión por la ciencia y por el cielo, pero también somos una generación de científicos que tenemos una vocación por lo social y un interés político», explica Pía.
En el caso de Ignacio, el vínculo con el sitio es íntimo y doloroso: «Mi tía abuela es una exiliada política y mi tío abuelo fue ejecutado durante la dictadura».
Esas ausencias y tránsitos familiares encontraron un eco en el propio comportamiento del universo. «Nuestro aprendizaje de qué representa el cielo y qué significa mirar hacia las estrellas nos llevó a hacer esta conexión: las culturas siempre han proyectado todas sus líneas temporales en nuestro universo. Desde ahí empezamos a conectar que las ciencias, al final, son humanas y que no se pueden separar, que están unidas», añade la astrónoma.
El taller: Ejercer el derecho a proyectar la memoria en las estrellas
Para quienes no pudieron asistir a esta concurrida experiencia, Ignacio resume la dinámica como una invitación a la soberanía cultural del cielo: «Básicamente el taller trató de que la gente pudiera aprender de la cultura que hay en el cielo, de las distintas civilizaciones que han hecho proyecciones, como por ejemplo los griegos o los mapuches, y que la gente pudiera ejercer ese derecho de poder proyectar también su propia cultura, la cultura de nuestro país. Que pudiera proyectar la cultura de la gente que se intentó desaparecer en Villa Grimaldi e intentar ver esa memoria en el cielo».

Unir los puntos de luz en la oscuridad para rescatar los nombres y las historias que la dictadura civil-militar intentó borrar se convirtió en el corazón de la jornada.
«Todas las estrellas y todas esas luces que podemos ver cuando miramos hacia arriba se pueden conectar; podemos darle un simbolismo más allá de lo científico y trazar una historia», concluye Pía. «Recordando siempre que el hecho de poder mirar al cielo es un derecho humano, ya que implica un cielo limpio, implica una salud ambiental digna. El taller fue un viaje entre entender un poquito las estrellas, conocer la profundidad de las constelaciones —de que no son solo dibujos, sino historias que han permanecido miles de años— y, lo más importante, que representan un derecho que nosotros aún tenemos y aún podemos ejercer: el proyectar, el poder ver y el poder tener un cielo limpio».
Al caer la tarde-noche en Peñalolén, los asistentes al Día de los Patrimonios abandonaron el parque con una certeza nueva: mientras haya memoria abajo, los que ya no están seguirán brillando y guiando el camino desde arriba.