Durante el desarrollo del Día de los Patrimonios, el motor de la micro comunitaria ruge y el murmullo de los pasajeros se apaga para dar paso a la expectativa. No es un viaje cualquiera por el tejido urbano de Santiago: es el inicio de la Ruta de la Memoria 2026, un recorrido en bus diseñado para entrelazar los dolores, las resistencias y las historias de las comunas de La Reina y Peñalolén.

 

Esta actividad, que convocó a alrededor de 45 personas, no fue un evento aislado, sino que fue el punto de encuentro de organizaciones que vienen coordinándose hace varios años ya, como el Memorial a Juan Antonio Pinto Ahumada con el Colectivo Plaza Las Campanas; la Plaza Alejandro Parada González y Horacio Cepeda Marinkovic; el Proyecto Memorial Aeródromo de Tobalaba; el Memorial ex Cuartel Lautaro con la Agrupación Cultural Violeta Parra; la Plaza de los Mártires en Lo Hermida con las organizaciones de familiares; la Agrupación Cultural Barracón de Lo Hermida y la Corporación Parque por la Paz Villa Grimaldi. A través de las ventanillas, el paisaje cotidiano de la zona oriente comienza a transformarse. Quienes viajan —vecinos históricos, jóvenes, familiares y activistas— no solo miran calles; miran las huellas de un pasado que sigue latiendo en cada esquina.


Un mapa de la dignidad territorial
La Ruta comenzó a gestarse el año 2019, cuando se realizó un primer levantamiento de los lugares y sitios de memoria de Peñalolén y La Reina, que dio origen a una pequeña publicación compartida entre organizaciones y visitantes. Ese trabajo fue el antecedente para formalizar un recorrido en bus por estos espacios, en colaboración activa con las comunidades dedicadas a recuperarlos y ponerlos en valor. El recorrido se concretó con apoyo de la Municipalidad durante 2024 y 2025, de modo que esta jornada del Día del Patrimonio corresponde a la tercera versión del recorrido en bus.


Al respecto, Daniel Rebolledo -coordinador del Área de Museo de Villa Grimaldi- detalla que “la jornada, realizada en el marco del Día del Patrimonio, fue una experiencia emotiva y enriquecedora. Participaron 45 personas que recorrieron en bus distintos lugares y sitios de memoria de Peñalolén y La Reina, en un trayecto pensado para vincular memoria y patrimonio, en una invitación a reconocer estos espacios como parte de la historia reciente del territorio y del valor que las comunidades les han dado a través de su trabajo de recuperación”. Por lo mismo, señala, “la evaluación de la jornada es muy positiva, tanto por la convocatoria como por la disposición de quienes participaron a relacionarse con los relatos y los lugares”.


En esta ocasión, además de la experiencia del recorrido y la mediación en cada punto, cada participante recibió un ejemplar del libro «Lugares de Memoria y Sitios de Conciencia» y una colación durante la jornada.
Por ello, señala Daniel Rebolledo que “creemos que hacia el futuro, el horizonte es de consolidación: el año pasado nos adjudicamos una Subvención Presidencial que nos permite, durante 2026, afianzar la Ruta con cinco instancias a lo largo del año y la proyección es seguir profundizando el trabajo colaborativo con las comunidades y organizaciones del territorio, fortaleciendo la Ruta como una instancia permanente de educación en memoria y derechos humanos, abierta a vecinos, estudiantes y público general”.


Del barrio al memorial: una construcción colectiva
Arriba del vehículo se comparten testimonios, se recuerdan los comedores populares, las protestas populares y el rol de las iglesias locales en la defensa de los derechos humanos.
«Ver estos lugares desde la micro, uno tras otro, te hace darte cuenta de que la dictadura no pasó en un lugar aislado; pasó en nuestras calles, donde jugábamos, donde caminábamos al almacén», comenta uno de los pasajeros mientras el bus avanza hacia el siguiente punto del mapa.


El viaje permite que la escala barrial conecte con el gran símbolo de la memoria nacional, como el Parque por la Paz Villa Grimaldi, lugar en donde se inicia el recorrido rumbo a los distintos espacios que participaron en el itinerario y que –al final de la jornada- en voz de alguno de sus representantes manifestaron su parecer.
Kamila Urbina, del Colectivo Plaza Las Campanas, confiesa quedar «con el corazón contento y emocionado». Para ella, dentro de los objetivos está ‘contagiar’ a otros. «Buscamos que la gente se entusiasme en hacer ‘memorial’ en sus barrios; queremos mostrar que un memorial, como el de Juan Antonio Pinto Ahumada, puede ser una construcción colectiva que nace desde la base y se puede sostener pese a las dificultades, sumando a la iniciativa la energía de los vecinos”, destacando que “un programa como este recorrido permite que las vecinas y vecinos conocer iniciativas que tal vez tienen cerca de sus casas las que hasta ahora ignoraban, y a las que perfectamente se puede sumar».


Por su parte, Sabina Sepúlveda, de la Agrupación Cultural Violeta Parra de la Villa La Reina, enfatiza la urgencia de estas actividades en el contexto actual: «Para nosotros es súper importante estar siempre, más que nunca en estos días. Valoramos mucho esta iniciativa, porque es fundamental para mantener la memoria en un tiempo en que el negacionismo se va asentando con mucha naturalidad y en diferentes aspectos”. Por ello, aseveró, “es que no podemos dar espacio a que nadie mienta o relativice sobre lo que pasó en nuestro país e instale ese lenguaje de negación, por lo que la realización de estas rutas es muy importante y deben seguir realizándose».


En tanto, María Angélica Roger, de la Agrupación Memorial Aeródromo Tobalaba (AMAT), reflexiona sobre cómo la sensibilización ha ido ganando terreno. «Cada año esta actividad se ha ido consolidando; antes, sentíamos que solo las organizaciones de derechos humanos estábamos preocupadas, pero ahora notamos que hay una sensibilización mayor y. personalmente, me sentí muy contenta por la cantidad de gente que llegó, sobre todo tantos jóvenes”. En ese aspecto, destacó que al momento de relatar lo que en cada espacio visitado había ocurrido “se notaba la sorpresa y congoja por lo que escuchaban y creo que muchos ni siquiera sabían el significado del memorial y de las actividades que ahí se realizan».


Finalmente, para Toña Mariqueo, quien formó parte de la organización que recibió a las y los participantes en la Plaza de los Mártires y la Gruta de Pedro Mariqueo, destaca con emoción el rol de las nuevas generaciones. «Me pareció súper buena la recepción de la gente y me gustó que hubiera mucha juventud, ya que para nosotros es vital para que toda esta historia y memoria no se pierda y esté siempre presente”. Por ello, puntualiza, “en nuestras palabras dirigidas a los presentes reiteramos la urgencia de que nunca más vuelvan a repetirse estos hechos y de que es necesario de que otros vayan tomando la posta, porque uno también ya va a dejar de hacer esto y es importante que nuevas personas tomen la dirección».

Hilando historias entre dos comunas
Al finalizar el circuito y descender del bus, queda la certeza de que este viaje no termina al apagar el motor. Las historias compartidas en el trayecto se bajan con cada pasajero, multiplicándose en las poblaciones, las villas y las aulas de ambas comunas.
El itinerario une puntos neurálgicos de la resistencia local y el recuerdo, cruzando desde los faldeos cordilleranos de Peñalolén hasta los barrios históricos de La Reina. Cada parada es un cable a tierra y muestra que su ruta que los memoriales no son islas de piedra o espacios que se levantan porque ‘deben’ estar ahí: al conectarlos a través de este recorrido colectivo, cobran un nuevo sentido de urgencia y en un contexto donde el financiamiento y el resguardo de estos sitios se ha vuelto una trinchera compleja en el Chile actual, pero que al ver a la comunidad movilizada, llenando buses para habitar su propia historia, es un aliciente y un recordatorio de que la memoria viva les pertenece a los territorios y es, quizás, el acto de resistencia más potente.