El pasado domingo 6 de septiembre, el Parque por la Paz Villa Grimaldi se transformó en un espacio de reencuentro, resistencia y sintonía histórica. Desde las 17:00 horas, los testimonios de sobrevivientes y las notas de la música popular se concertaron para dar vida a la cuarta edición de la Ruta Musical de la Memoria «Estación Grimaldi», un evento organizado por el Sindicato Independiente de Músicos Callejeros de Chile (SIMUCH).
Bajo la premisa de que el arte es una herramienta vital para mantener la historia viva, la jornada reunió a artistas, defensores de derechos humanos y vecinos en un ejercicio colectivo donde quedó claro que recordar es un acto ineludible de compromiso.
El arte como puente generacional y resistencia
La organización estuvo liderada por el SIMUCH, colectivo que agrupa a creadores de espacios públicos y que promueve la memoria histórica a través de la cultura. Uno de sus rostros y organizadores, el cantor y folclorista popular Keno Salazar, enfatizó la urgencia de mantener este ejercicio frente al avance de los tiempos modernos. «Creemos que el ejercicio de la memoria debemos hacerlo a diario; si tú no la cultivas, se va a pérdida, y en el tema de los derechos humanos hay que hacerlo por obligación”, más aún, agrega, “que, con los jóvenes absorbidos por la tecnología y las redes sociales, en pocos lugares se habla de esto y para quienes hemos vivido la dictadura tenemos una obligación moral de estar aquí» señaló Salazar.

La emotiva jornada encontró un punto alto en las palabras de Nuria Becker, quien reflexionó sobre el sentido profundo del encuentro en un suelo marcado por el dolor del pasado. “Esta música nos recuerda nuestro palpitar, nuestra emoción y lo que todavía somos y seremos y es maravilloso que estos músicos puedan hacer esto tan lindo en un lugar donde se sufrió tanto, para volver a encontrarnos con aquellos jóvenes que aquí cayeron y que todavía iluminan nuestra vida», expresó Becker. Asimismo, advirtió sobre los desafíos del presente, señalando que “hoy que estamos amenazados nuevamente por la ultra derecha con quitarnos nuestras conquistas y borrar esta memoria, esta memoria que no es una memoria de muertos, es una memoria de vida».
Por su parte, Osvaldo Torres evocó la memoria histórica recordando la primera huelga de hambre de los presos políticos en Puchuncaví y el rol que tuvo la organización y resistencia durante ese período. Asimismo, durante su intervención planteó uno de los grandes dilemas actuales que es “cómo transmitimos estas vivencias a las nuevas generaciones sin caer en la nostalgia que provoca el recuerdo, porque para muchos chilenos esto suena casi como la arqueología de un museo”.
En la misma línea testimonial, Miguel Montecinos advirtió que “una generación que no acoge el testimonio condena al olvido las experiencias vitales de su pueblo”, subrayando con profunda preocupación que “este septiembre de 2026 nos encontramos en alerta ante el resurgimiento del negacionismo y los intentos por relativizar una historia”, enfatizando que “la búsqueda de los detenidos desaparecidos, que fueron mis compañeros de encierro, de incertidumbre y temor, no representa una opción política, sino un irrenunciable deber ético y una obligación del Estado”

En el último testimonio, Óscar Salas habló sobre el asesinato de Héctor Patricio Sobarzo Núñez, ocurrido la noche del 2 de julio de 1984, cuando encontrándose al interior de un colectivo, el vehículo fue interceptado violentamente por múltiples agentes de civil de la CNI armados con metralletas, siendo testigo directo de la desproporcionada operación represiva que desmontó por completo la falsa versión oficial del régimen sobre un supuesto «enfrentamiento».
Acordes que desafían al olvido
La jornada combinó la palabra testimonial y la música en vivo con las presentaciones de Carlos Toro, cantor y folclorista popular chileno que cultiva el canto de raíz, la trova y el folclore urbano, convirtiendo su guitarra y poesía en herramientas de rescate histórico y memoria; Peñi Pampa, agrupación musical de marcada línea social y combativa, estrechamente vinculada a los movimientos populares y a los espacios de memoria mediante un repertorio de raíz y protesta; el Dúo Paula y Rodrigo, quienes en formato vocal e instrumental rescatan la tradición de la canción social, el folclore y la trova latinoamericana para propiciar la reflexión política y el reencuentro comunitario y el grupo Pulko Pitrén, un proyecto artístico de fuerte carga identitaria y territorial que revaloriza las sonoridades acústicas, la memoria de los pueblos y la resistencia cultural desde la independencia artística.
De esta manera, entre acordes, cuecas, poesía y reflexiones, la «Estación Grimaldi» ratificó que la música callejera y popular no solo habita en las plazas y el transporte, sino que también es capaz de erigirse como un faro de dignidad, resistencia y alegría frente al intento de silenciar el pasado.