En un espacio cargado de conversación, música y arte se desarrolló la jornada final del Encuentro Lésbico de Todas las Artes (ELTA+) que dejó patente que la creatividad disidente no solo persiste, sino que se fortalece con el tiempo y lo que una vez fue un hito fundacional, volvió transformado en un puente generacional que une la memoria histórica con las nuevas expresiones de la comunidad.

Durante los días 23, 24 y 25 de enero, el encuentro desplegó un itinerario de resistencia: desde jornadas de narrativa gráfica en la Casa Fech, pasando por talleres de serigrafía en el Biblioespacio Mónica Briones, hasta un cierre cargado de simbolismo en el Parque por la Paz Villa Grimaldi.
Fortalecer la organización desde el afecto
Para las coordinadoras, el regreso del ELTA+ no es solo una gestión cultural, sino una respuesta política necesaria. Deyanira Maulén, de la agrupación «Rompiendo el Silencio», destaca que estos hitos son vitales para la salud de las colectividades. «Volver a encontrarnos nos permite fortalecernos no solo en proyección, sino en nuestra historia y memoria. Es relevante mostrar que estas instancias tienen una trayectoria política y cultural; se trata de un fortalecimiento interno de las organizaciones», señala Maulén.

Por su parte, para Beatriz Díaz el contexto actual presenta desafíos complejos, “lo que invita a reflexionar sobre el agotamiento sistémico que atraviesan las comunidades”, planteando el encuentro como una alternativa a la apatía. En esta encrucijada, la coordinadora del encuentro advierte que “existe un cansancio generalizado en las organizaciones, potenciado por un clima social y político que puede ser adverso, por lo que, ante ese escenario, nos quedan dos caminos: sucumbir al agotamiento o «unirnos, generar más comunidad y trabajar juntes por la rebeldía».
El llamado a las nuevas generaciones: «Cuerpo a cuerpo»
Uno de los puntos clave del encuentro fue la reflexión sobre cómo involucrar a las juventudes en un mundo post-pandemia y altamente digitalizado. Díaz hace un llamado a «abrir los ojos y mirarse», sugiriendo que para formar comunidad es vital relacionarse de formas más físicas y presentes, superando el ensimismamiento actual.
Por su parte, Maulén enfatiza la necesidad de ofrecer formatos que escapen a lo puramente teórico. «Las disidencias solemos estar en conversatorios densos, que están bien para el análisis crítico, pero hay que instalar otras posibilidades. La juventud necesita espacios musicales, de poesía y narrativa donde puedan expresar lo que sienten y perciben de este momento social»

Finalmente, al concluir el encuentro en Villa Grimaldi con una mezcla de música, teatro y diálogo, se enfatizó que la elección de nuestro sitio de memoria para finalizar la actividad reafirma que el arte lésbico es también una herramienta de justicia y que como resume la organización, el ELTA+ ha servido para abrir canales donde las múltiples expresiones —independiente de la orientación o identidad— puedan finalmente desarrollarse y habitar el espacio público.