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El 11 de noviembre de 1983, el obrero de la construcción se quemó a lo bonzo frente a la Catedral de Concepción para exigir que la CNI liberara a sus 2 hijos detenidos. Sería el primer suicidio en Chile de esas características. Su inmolación dio origen al Movimiento contra la Tortura Sebastián Acevedo.

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Este lunes se cumplen 30 años de uno de los hechos más dramáticos registrado en dictadura y para que destaque entre otras tragedias de esa época tiene que ser demasiado. El 11 de noviembre de 1983, el obrero de la construcción Sebastián Acevedo Becerra, de 52 años a la fecha, se quemó vivo frente a la Catedral de Concepción para exigir que la CNI liberara a sus 2 hijos detenidos.

Según diversas opiniones, se trata del primer suicidio a lo bonzo en nuestro país. Fue tal el impacto que causó la inmolación, que el cura obrero José Aldunate y decenas de activistas defensores de los derechos humanos formaron el Movimiento contra la Tortura Sebastián Acevedo.

Dos días antes, a las 7 de la mañana, cuando el obrero de la construcción esperaba locomoción para dirigirse a su trabajo en Concepción, 30 agentes de la Central Nacional de Informaciones fuertemente armados irrumpieron violentamente en su casa de la Villa Mora de Coronel.

REDADA MASIVA CONTRA “RED DE COMUNISTAS”

Los “civiles no identificados” buscaban a su hija María Candelaria Acevedo Sáez, 26 años, militante de las Juventudes Comunistas. Sebastián vio pasar vehículos a toda velocidad y regresó corriendo a la casa, pero no pudo impedir la detención. “La llevamos por terrorista”, le dijeron.

Dos horas más tarde, los agentes detuvieron a Galo, otro de los cuatro hijos de Sebastián Acevedo. Lo capturaron en la misma constructora donde trabajaba junto a su padre. Lo subieron a un vehículo de un golpe en los testículos y después partieron a buscar a otro detenido a una comisaría.

La CNI había iniciado una redada masiva contra una supuesta “red de militantes comunistas”, según informó la prensa de la época. Los hermanos Acevedo Sáez y el resto de los detenidos fueron trasladados a un recinto militar ubicado frente al balneario de Playa Blanca, a 3 kilómetros de Coronel.

Pero Sebastián Acevedo no sabía dónde los habían llevado y cayó presa de la angustia. Sólo sabía que la CNI estaba siguiendo a sus cuatro hijos y comenzó a buscar a María Candelaria y Galo por distintos cuarteles. También pidió ayuda en la Vicaría de la Solidaridad, pero todo fue inútil.

El 11 de noviembre de 1983, Sebastián Acevedo se roció con bencina y parafina en la Plaza Independencia de Chile, frente a la Catedral de Concepción, y comenzó a gritar “¡Que la CNI devuelva a mis hijos!”. Un carabinero intentó detenerlo y el angustiado padre se prendió fuego. Moriría pocas horas después.

LIBERARON A SU HIJA SÓLO POR UNOS DÍAS

Con quemaduras de extrema gravedad, Sebastián Acevedo fue internado en el Hospital Regional de Concepción. Mientras el obrero agonizaba, la CNI liberó a su hija, quien alcanzó a despedirse de él. “Me dijo que cuidara a mi hijo, a mi hermano, que no dejara abandonada a mi madre (Elena Sáez)», señaló la joven en esa oportunidad.

Galo también salió en libertad, pero tras la muerte de su padre la CNI volvió a detenerlos. María Candelaria cayó nuevamente el 30 de noviembre de 1983 y pasó un año y dos meses privada de libertad. Su hermano Galo estuvo detenido durante dos años.

La Comisión Rettig estimó que Sebastián Acevedo fue víctima de la violencia política, porque tomó la determinación de suicidarse en un gesto extremo por salvar a sus hijos. Fue un modo desesperado de protestar por la situación que lo afligía como padre. Por lo mismo, su caso está considerado en el Informe Rettig.