El sábado pasado, el Parque por la Paz Villa Grimaldi se cargó de una profunda emoción colectiva al recibir a familiares, compañeras, compañeros de militancia, agrupaciones de derechos humanos y vecinos que se congregaron para realizar un tributo y develar una placa en memoria de Isidro Miguel Ángel Pizarro Meniconi, conocido cariñosamente como «El Chiro», detenido desaparecido desde hace más de medio siglo.
La jornada estuvo marcada por el cruce entre el dolor persistente por la impunidad y la firmeza de un legado que se niega a ser borrado. A nombre de la Corporación Parque por la Paz, su vicepresidente Cristian Castillo abrió la ceremonia recordando los pasos del joven militante del MIR, técnico en máquinas de oficina, quien entregó su juventud al trabajo político junto al Movimiento Campesino Revolucionario (MCR) en las zonas de Huechuraba, Colina y Lampa, organizando y respaldando a los campesinos en el proceso de la Reforma Agraria.
En sus palabras, Cristian Castillo recordó “que la historia de Isidro está indisolublemente unida al desgarro y a la dignidad de su familia: su madre, Doris Meniconi Lorca fue una de las fundadoras de la Agrupación de Familiares de Detenidos Desaparecidos y permaneció en Chile consagrada a la búsqueda de justicia, transformando el dolor en una lucha colectiva, en tanto que su padre y sus 10 hermanos marcharon al exilio”.
El horror y la resistencia
La historia de Isidro quedó trágicamente marcada el 19 de noviembre de 1974. En la calle Joaquín Godoy de La Reina, agentes de la DINA lo interceptaron junto a Ida Vera Almarza. A pesar de encontrarse reducidos, ambos fueron baleados y trasladados a centros clandestinos de tortura como la Clínica Santa Lucía y «La Venda Sexy» —donde Ida fue desaparecida—. A Isidro se le vio por última vez precisamente en Villa Grimaldi, desde donde se perdió su rastro.
La maquinaria represiva intentó arrasar con todo a su paso. Su compañera, María Guadalupe Díaz Tapia, embarazada en ese entonces, debió partir al exilio a Suecia, donde nacieron sus hijos Michelle Ninel y Ernesto Miguel. La familia entera sufrió el destierro, mientras que su madre, Doris Meniconi Lorca, se erigió como una de las fundadoras históricas de la Agrupación de Familiares de Detenidos Desaparecidos (AFDD). En 1975, la dictadura intentó asesinar su memoria por segunda vez al incluirlo en el infame montaje comunicacional de la Operación Colombo. Sin embargo, la verdad del pueblo y los testimonios de sobrevivientes lograron derrumbar las mentiras oficiales.
Voces desde el corazón y la distancia
Durante la ceremonia, familiares y amigos tomaron la palabra para evocar las virtudes humanas, la alegría y la consecuencia política de Isidro. Uno de los momentos más conmovedores de la jornada fue la lectura de una carta enviada desde Suecia por sus hijos, quienes a la distancia hicieron latir el vínculo indestructible con su padre.
Tomando la palabra con la fuerza de los años de lucha, Guadalupe Díaz dirigió un mensaje incisivo a los presentes y a la historia oficial. Con profunda indignación, cuestionó la persistencia de la «ley del silencio» y el rol de una democracia que —a su juicio— aún mantiene una deuda estructural con la verdad, la reparación y el castigo efectivo a los responsables. «¿Puede haber verdad sin justicia?», exclamó, interpelando a un Estado que ordenó el secuestro y que hoy sigue sin entregar los restos de su compañero.
Un símbolo contra el silencio
Al finalizar la actividad, se le entregó a Guadalupe Díaz una arpillera confeccionada y preparada por María Alicia Salinas Farfán, iniciativa que surgió del grupo «Arpilleristas de la Memoria» como un reconocimiento a Isidro Pizarro y a su madre, Doris Meniconi -una de las fundadoras de la AFDD junto a Sola Sierra- y también una gran y reconocida arpillerista, cuyas obras se exponen en diversos espacios de Chile, como en Puerto Montt y el Museo de la Memoria.
El momento central de la emotiva jornada llegó con la develación de la placa recordatoria en el parque, que queda como un hito de resistencia frente a los discursos negacionistas que intentan relativizar el horror del pasado.
Como señaló Cristian Castillo al cerrar su discurso, la rebeldía y el compromiso de Isidro Pizarro continúan caminando por los campos y las calles de Chile, resguardados en la memoria de su familia, de sus hijos y nietos, y de todos aquellos que entienden que levantar memoria es el único camino para garantizar el Nunca Más.
