A un año de su inicio, el taller de arpilleras “Memoriando en Villa Grimaldi” se consolida como un espacio fundamental de creación, encuentro y defensa de los derechos humanos en el Parque por la Paz. Lo que nació en 2025 como un ciclo breve de cuatro sesiones —convocado para un encuentro nacional de arpilleras impulsado por el sitio de memoria y diversas compañeras— se ha transformado en un colectivo auto convocado que no ha detenido sus agujas ni su labor de resistencia.
Cada lunes, entre las 15:00 y las 18:00 horas, las participantes se reúnen para dar vida a telas que narran la historia reciente y el presente. «Hemos seguido denunciando las injusticias y permanecemos desbordando la memoria para que el nunca más se mantenga presente», reflexiona Viviana Díaz, una de sus integrantes.


Y este lunes se reunieron a compartir y conversar lo que ha sido este año, en un almuerzo que dio cuenta que, lejos de agotarse en aquel objetivo inicial, el grupo transformó la temporalidad de las cuatro sesiones en un compromiso permanente. A lo largo de este año, sus manos han tejido en torno a fechas emblemáticas y causas urgentes como en la conmemoración del 8M junto a colectivos territoriales, entregando y exhibiendo obras textiles para entrelazar las luchas de las mujeres del pasado con las demandas del presente; en hitos como el Día de los Patrimonios y recorridos de memoria en las con sus creaciones e intervenciones han formado parte de jornadas institucionales y culturales, posicionando al oficio textil como una herramienta viva de resistencia social, pedagogía y transmisión histórica; y en diversos homenajes, en los que las arpilleras han acompañado en sus actos centrales con entrega de sus trabajos a personalidades, artistas y familiares de quienes han sido recordados en nuestro Sitio de Memorias.

 

Un espacio de acogida y sentido comunitario

Para María Alicia Salinas, otra de las cultoras del taller, la clave de esta permanencia radica en la profunda sintonía entre los intereses de quienes llegaron al espacio y las condiciones facilitadas por el recinto.
«La gente que llegó tenía el interés de trabajar la memoria, la historia y lo que pasó aquí. En la medida en que el taller se ha ido asentando, nos permite contar esa historia», señala Salinas.
Asimismo, destaca el rol del equipo del Parque por la Paz: «La Villa nos ha dado todas las facilidades, como el espacio y resuelto problemas puntuales, haciendo que la gente se sienta acogida». Agrega María Alicia Salinas que “esa calidez institucional, sumada a la urgencia colectiva por aprender, debatir y transmitir los hechos del pasado, ha tejido una red de confianzas difícil de romper”.

 

Entre hilos, generaciones y futuros posibles

La experiencia del taller también ha abierto puentes hacia la comunidad y las nuevas generaciones. Aunque el trabajo y presencia de jóvenes presenta desafíos específicos —donde se cruzan temas como los derechos de la infancia con los intereses propios de cada etapa escolar, el ejercicio de la arpillería se mantiene como un lenguaje vivo y transversal para nombrar aquello que no debe olvidarse.
A un año de su primera puntada, «Memoriando en Villa Grimaldi» demuestra que la memoria no es solo un ejercicio de archivo, sino una práctica artesanal y colectiva: un modo de tejer justicia, reparar el tejido social y disputar el sentido del presente desde la ternura y la consecuencia de los paños bordados.