Una emotiva jornada de conmemoración de los 50 años de la Vicaría de la Solidaridad se llevó a cabo en el marco del Vía Crucis Popular a Villa Grimaldi, en los que ex trabajadores y participantes del recorrido se reunieron en nuestro Parque por la Paz para reivindicar la memoria histórica y la defensa de los derechos humanos en Chile.
La jornada –convocada por Comunidades de Base, organizaciones de DD.HH y medio ambientales- comenzó en la intersección de la avenida José Arrieta con Tobalaba, en donde se reunieron cientos de personas que transformaron ese espacio en un escenario de fe, memoria y compromiso social, comenzando el tradicional Vía Crucis Popular, una de las manifestaciones ecuménicas más emblemáticas de Chile que entrelaza la narrativa de la pasión de Cristo con la historia de resistencia y dolor vivida en el ex centro de detención «Cuartel Terranova».

Durante el recorrido se realizaron dos estaciones en las cuales se ofreció la palabra a los y las participantes, quienes dieron su compartieron su testimonio de resistencia frente a violaciones a los derechos humanos sufridos tanto por ellos mismos, su familia o amistades.
En la misma instancia se presentó el grupo musical “Chancaca” conformado casi en su totalidad por nietos de detenidos desaparecidos y ejecutados políticos, quienes interpretaron de manera brillante canciones del repertorio latinoamericano.
Una vez ingresada a Villa Grimaldi, las y los participantes se dirigieron al antiguo portón, en donde se realizó un emotivo homenaje a ex trabajadores de la Vicaría de la Solidaridad que estaban presentes. Dirigiéndose al público, los y las funcionarias compartieron experiencias, recuerdos y las jornadas de compromiso por cautelar y proteger a quienes eran perseguidos por la dictadura militar, destacando el tránsito histórico desde el Comité Pro Paz hacia la Vicaría de la Solidaridad, instituciones que no solo brindaron asistencia jurídica y médica, sino que se convirtieron en espacios de resistencia y fraternidad.

Esta labor institucional fue recordada a través de las voces de algunos de los protagonistas como Victoria Baeza, Miguel Castro y Guillermo Dávalos, quienes representaron el esfuerzo interdisciplinario de abogados, profesionales de la salud mental y administrativos, destacando la manera en que la institución enfrentó desafíos extremos, como el exilio forzado de médicos bajo persecución de la CNI y la necesidad de sostener la operatividad técnica para que la ayuda llegara a los sectores populares.
Más allá del rigor profesional, se destacó la profunda calidad humana que definió a la Vicaría como un refugio ante el desamparo, recordando a figuras como José Manuel Parada, entre otros y otras, por su capacidad de ofrecer contención emocional y espacios de trabajo seguro para perseguidos políticos. Además, el trabajo de la Vicaría y compromiso con los DDHH impulsó la creación del importante boletín “Solidaridad”, el que bajo la dirección de Rodrigo de Arteagabeitia Halley- Harris y Augusto Góngora, demostró que la comunicación y la fraternidad eran la respuesta más humana y eficaz frente a la barbarie del periodo.
Este momento de la actividad culminó con un gran aplauso para los y las funcionarias de la Vicaría, quienes recalcaron que la búsqueda de la verdad y la justicia no es solo una tarea del pasado, sino un imperativo presente que requiere solidaridad, organización y fortalecimiento, relevando la importancia de la “memoria rebelde” como una herramienta para garantizar que las violaciones a los derechos humanos no se repitan.
En nombre de la Corporación Parque por la Paz Villa Grimaldi se dirigió a los asistentes uno de sus directores, Miguel Montecinos, quien compartió su experiencia desde la mirada de haber sido un beneficiario de la entidad y resaltando el impacto humano y comunitario de la labor realizada. “La Vicaría fue, ante todo, un lugar de afecto”, recordó el directivo, agregando que “en los talleres artesanales y las ferias de fraternidad que ella organizaba permitieron la supervivencia económica y espiritual de quienes decidimos resistir en el país y que éramos capaces de levantarnos ante el dolor a través de la alegría y el encuentro», resaltando que todo ello “siempre estuvo vinculado a la labor que las comunidades cristianas de base tenían para transformar el sufrimiento en dignidad colectiva”.

En ese sentido, Miguel Montecinos contextualizó que “el Vía Crucis de hoy no es solo un rito religioso, sino que un acto político de ‘no olvido’, con el que se busca rescatar la historia de las comunidades de base que se movilizaron para evitar que el ex centro de detención ‘Cuartel Terranova’ fuera demolido o invisibilizado”, afirmando que “es fundamental mantener la narrativa de la pasión de Cristo con la historia de represión y resistencia ocurrida en este mismo lugar es fundamental que no caiga en el olvido” finalizó el directivo.
Entre los asistentes a la actividad destacaba la presencia de la religiosa alemana Karoline Mayer, lo que le dió a la actividad un significado espiritual y social profundamente simbólico, ya que conecta la historia de la resistencia de la iglesia con el presente de las comunidades de base. Este vínculo lo mantiene a través de la labor que realizan en la Fundación Cristo Vive y que durante la dictadura representó la continuidad de esa «Iglesia de los pobres» que no abandonó a las víctimas.

Ella caminó junto a las comunidades cristianas de base y los familiares de detenidos desaparecidos, validando con su presencia el sentido del Vía Crucis: que el calvario de las víctimas en el ex Cuartel Terranova es una herida abierta que solo sana con verdad y justicia plena.
Finalmente, destacar que en la jornada estuvo siempre presente la figura y el recuerdo del Cardenal Raúl Silva Henríquez, cuyo liderazgo ético y valentía permitió que la Iglesia fuera «la voz de los que no tenían voz» y que la ‘memoria’ de la Vicaría asentada en su archivo -hoy patrimonio de la humanidad- es una garantía de que la verdad no podrá ser borrada por decretos o decisiones políticas, reforzando el principio de que los derechos humanos deben ser el piso ético fundamental para la convivencia nacional y una tarea que las nuevas generaciones deben continuar proyectando hacia el futuro.