Bajo el lema de que «recordar es resistir», familiares, compañeros, compañeras y amistades se reunieron para conmemorar medio siglo desde la desaparición de Juan Hernández, Luis Muñoz y Manuel Tamayo, tres jóvenes socialistas cuyo rastro se perdió en el oscuro engranaje de la Operación Cóndor, la red de represión transnacional de las dictaduras del Cono Sur.


La actividad fue organizada por el Centro Verdad y Justicia, agrupación que lleva el nombre de los tres homenajeados y que está integrada por familiares, amigos y compañeros de militancia. Este espacio nació con la misión de consolidar la amistad y los sueños de justicia social que unieron a los jóvenes, manteniendo vivos sus valores frente al paso del tiempo.

El eco de la dignidad

La directora de la Corporación Parque por la Paz Villa Grimaldi, Soledad Castillo, ofreció un discurso cargado de urgencia ética. “Nos reunimos con el corazón cargado de memoria y dolor, pero también de dignidad”, señaló, enfatizando que “tras 50 años, el horror no logró silenciar las voces de quienes soñaban con un mundo más justo”.


En sus palabras, la miembro del directorio enfatizó que “hoy, a 50 años, no cerramos la historia; la mantenemos viva porque recordar es resistir, porque en la memoria es un acto de justicia y por mientras no sepamos dónde están, mientras no haya verdad completa, nuestra tarea no habrá terminado compañeros, no los olvidamos y no perdonamos» recalcó Soledad Castillo.

Herencias de búsqueda: De Flor a David

Un momento de especial sensibilidad fue el reconocimiento a Flor Hernández Zazpe, hermana de Juan y fundadora del centro, quien falleció en 2021. Flor fue recordada como el motor de estos actos durante décadas. Su hijo, David Acuña, relató cómo hoy asume la posta de su madre: «Tomé la responsabilidad de hacerme cargo de estos actos para mantener viva la memoria de estos jóvenes. La idea es evitar que los borren, demostrar que no hay mentiras; esto ocurrió y lo mantenemos vivo a través de hijos, nietos y sobrinos». Otro momento de profunda emoción ocurrió cuando familiares de los jóvenes subieron al escenario y cantaron en su memoria.

  

Arte para sanar y denunciar

La conducción del evento estuvo a cargo de las sobrinas de los desaparecidos, Patricia Villarroel (sobrina de Juan) y Orietta Muñoz (sobrina de Luis), simbolizando la persistencia generacional en la búsqueda de justicia.
El homenaje contó con diversas expresiones culturales que conmovieron a los presentes como la presentación de música flamenca interpretada por Juan Antonio Hernández (sobrino de Juan), junto a Giselle Toledo y Alexis Riquero.

También estuvo presente la danza y la tradición a cargo del grupo Raipillán presentó una «cueca dolorosa», una pieza que simboliza la ausencia del compañero de baile en la historia de Chile.


En la actividad se escucharon los testimonios de algunas de las hermanas de los jóvenes, como Elizabeth Muñoz y Patricia Hernández, quienes compartieron relatos sobre la vida de ellos, humanizando la distancia y desaparición y devolviéndoles su identidad frente al olvido estatal.


Finalmente, el acto concluyó con un compromiso renovado por la verdad y la reparación, dejando claro que para los familiares y para la Corporación Parque por la Paz Villa Grimaldi, la historia no se cierra mientras no se sepa el paradero de las y los compañeros y que fue la consigna final de una mañana donde la memoria volvió a vencer al olvido.